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Jamones el Gemelo


El jamón en la literatura

FOTOJamón ofrecido en un menú de Pompeya

Jamón ofrecido en un menú de Pompeya

Es difícil establecer una fecha concreta para definir el punto de partida del jamón.

Sin duda, las técnicas y savoir faires de los antiguos pobladores ibéricos de buen seguro que se sitúan cronológicamente mucho antes de que alguien plasmase en un texto la palabra “jamón”, algo que por otro lado no deja de ser una regla sin excepciones en la historia.

Pero si nos ceñimos a los documentos, fue Catón, que vivió entre los siglos III y II a. C., quien mencionó por primera vez el pernil en su obra De Agri Cultura, en la cual establece la primera receta con todos los pasos para la elaboración de este producto (salado, lavado, secado, untado en aceite, ahumado y conservación).

Más adelante, en el siglo I a. C. Estrabón cita por primera vez los jamones en su Geographica después de un viaje por la Península. Según él, los kerretanoi, un pueblo ibérico que habitaba los Pirineos Occidentales, “elaboraban excelentes jamones, comparables a los cantábricos”.

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El Siglo de Oro y el jamón

El Siglo de Oro de las letras hispánicas dejó gran cantidad de referencias al jamón, en una época en que la industria chacinera se popularizaba por toda la Península y que una buena pata de jamón era el compañero ideal de cualquier viajero.

Este hecho se ve reflejado en una abundante presencia del jamón en la literatura de la época. Es el caso de La Celestina, de Francisco de Rojas Zorrilla, donde se dice “De lo que hay en la despensa basta para no caer en falta: pan blanco, vino de Montviedro, un pernil de tocino […]”.

 El poeta Baltasar de Alcázar también cita el jamón en el poema Tres cosas como una de sus tres cosas preferidas en la vida, además de su bella Inés y las berenjenas con queso.

La fama de las regiones jamoneras que hoy en día elaboran los mejores productos ya se ve expresada en obras de escritores tan reconocidos como Cervantes, que en su libro El casamiento engañoso recomienda unas lonchas de jamón de Rute (Córdoba) para curarse de una convalecencia.

Lo mismo sucede con Lope de Vega, que en su Epístola al Contador Gaspar de Barrionuevo cita de la siguiente forma los jamones de Huelva: “Jamón presuto de español marrano. De la sierra famosa de Aracena, adonde huyó del mundo Arias Montano”.

El jamón en la literatura contemporánea

El año 1958 nos deja una anécdota cuyo desenlace final son dos sonetos de dos gigantes de la literatura hispana, Rafael Alberti y Nicolás Guillén. El primero exiliado en Buenos Aires de la España franquista, y el segundo, llegado a Buenos Aires con la ayuda de Alberti después de huir de la dictadura machadista en Cuba y del golpe fascista en Francia. Como símbolo de agradecimiento, Guillén regaló un jamón a Alberti y, con él, un soneto, al cual Alberti respondió debidamente. El resultado final fue una fiesta del jamón, en la que varios amigos comunes compartieron un banquete muy bohemio, leyendo sus sonetos, todo ello en una época de vacas flacas para ambos.

Más recientemente cabe destacar el comentario de Camilo José Cela acerca del jamón, en el que explica que  se puede gozar a través del olfato, pero también mediante la vista y la degustación. “Es un bocado propio de bienaventurados”, afirma en su contundente elogio al jamón.

Pequeños fragmentos que sirven para hacerse una idea de la importancia de este manjar tan preciado en la sociedad española, también a través de sus grandes literatos.

Y es que ya se sabe lo que dice el refrán: “Allá se me ponga el sol donde me den vino y jamón”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: jamon prive




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